23 junio 2020

MI TIA MARIBELLA

   

A mi tía paterna (Solita.)

Soledad Rodríguez Domínguez

por ser una de las mujeres más bellas y sensual

                                                                                  que he conocido.

                                                                                  

Mi tía abuela es una de esas personas que hasta  llorando se ven  bonitas, además de ser muy fina, delicada, posee un carácter extremadamente dulce y sensible. Ama profundamente la naturaleza, los árboles, las plantas ornamentales, flores, los animales domésticos y las  aves en general. Se queda extasiada en su contemplación y hasta habla con ellas. Por supuesto: Es romántica, gusta de la buena música, los poemas y las obras de arte.

Cuida con esmero su presencia y jamás sale de su  habitación sin arreglarse y maquillarse discretamente, usar  un suave perfume,  mantener  sus cabellos  bien peinados y vestirse  y calzarse adecuadamente según la temporada.

Con estas características, mi tía Maribella es como es de suponer, desde muy joven, tenía un ruedo de enamorados a su alrededor, a los cuales ella ni decía sí ni no. En su innata coquetería los mantenía distantes con la mejor de sus sonrisas hasta lograr alcanzar el hombre de sus sueños.

Algunos se disputaban su amor de las formas más increíbles, enviándole encendidas cartas y poemas, exaltando su belleza y distinción, hermosos ramos de flores, los más exquisitos perfumes y hasta un enorme cake en forma de corazón para uno de sus cumpleaños, con un poema de José Ángel Buesa, donde le declaraba su amor. Otros le ofrecían bellas serenatas a la luz de la luna y también del día como lo hizo un despechado pretendiente, el cual al no poder lograr sus propósitos de conquistarla, se trepó de un árbol  frente a su casa, a eso de las 3.00 de la tarde y acomodándose de manera que pudiese tocar su guitarra, comenzó a interpretarle un repertorio de canciones tan hirientes como: - “Bájate de esa nube” “Traicionera” entre otras, pero el joven se puso fatal y comenzó  a caer un fuerte aguacero, acompañado de  rayos y truenos y de pronto… uno muy cerca, que estremeció todo el contorno, haciendo que perdiera el equilibrio el desafortunado trovador, quien descendió estrepitosamente desde la altura sobre la guitarra, haciéndola añicos.

Mojado y adolorido se marchó y fue tan grande el bochorno que debió sentir, al convertirse en la burla de todo el exclusivo reparto Vista Alegre, que días después desapareció y hasta la fecha nadie sabe qué rumbo tomó.

Un día  mi tía se encontraba en la finca de sus abuelos en El Rodeo,  caserío cercano al pueblo de El Caney y como  era época de  la cosecha de mangos, muchos visitaban la “La Dolorita” en busca de la deliciosa fruta. Era domingo y Maribella vestía una  blusa roja escotada, con una  falda larga y estrecha, con  los negros y ondulados cabellos sueltos sobre sus  blancos hombros, resaltaba el azul purísimo de sus ojos. Estaba sentada  en  uno de los balances del amplio corredor  cubierto de enredaderas  multicolores de la residencia. Entre sus manos una rosa escogida del hermoso y bien cuidado jardín de frente. Extasiada aspiraba el suave perfume.

¡De pronto parqueo frente a la casa un auto negro de líneas  modernas! De él se bajaron  varias personas, entre ellas un joven trigueño, alto, de muy buena presencia, ella quedó como hechizada al contemplar  tan hermosa estampa varonil. Se paró enseguida, ofreciéndoles una de sus más cautivadoras sonrisas, invitándoles a sentarse, mientras fijaba sus ojos en el joven en particular. Éste no se dio por entendido y  admiraba el exuberante paisaje de las verdes montañas del macizo de la Gran Piedra.

Del interior salió su tío Pepe, ellos se dieron a conocer, la madre orgullosa les presentó  en primer  lugar a su hijo:- El doctor  Luis Roberto Villa Vigo,  médico de la “Clínica Los Ángeles” graduado de cirujano en la Universidad de La Habana.

Maribella no perdía detalle, como si fuese una grabadora, fijaba cada palabra e interiormente se decía:- ¡Cómo me gusta este hombre!- ¡Lo conquisto o dejo de llamarme Maribella!- Mientras… lo devoraba con los ojos.

Pepe muy atento mandó a preparar café. Maribella apuraba a la cocinera para que lo hiciera lo más rápido posible. Entretanto sacaba una bandeja de la vitrina y  un juego de  café  de  fina  porcelana, regalo que le  habían hecho a su abuela el día de las madres. Ella misma se ofreció a llevarlo. Al presentarse ante la visita, posó sus ojos de nuevo en el apuesto joven y pudo observar que  éste la miraba, fue tanta su turbación y rubor, que cuando el joven alargó su mano para tomar la taza y rozó una de sus suyas, que la bandeja cayó al suelo. La pena fue tan grande, que salió corriendo y se encerró en una habitación llorando.

Cuando la  visita se hubo marchado, no sin antes recibir las disculpas de la familia por la torpeza  de la jovencita y una caja de hermosos mangos de bizcochuelos como regalo, todos salieron a buscar a  Maribella, quien seguía llorando avergonzada y se decía para sí:-¿Qué hago ahora? ¿Qué pensara  el joven  de mí? -Dirá que soy una chiquilla, ¡Ay! ¡Tantos deseos que tengo de volver a verlo!

Con los días se  fue esfumando la pena y Maribella hacía planes para tener un nuevo encuentro con el joven galeno, a punto de desear enfermarse, para ver si  la llevaban a la   Clínica “Los .Ángeles” y así tener una nueva oportunidad  de  encontrarse  con él, pero ni  catarro le daba y además por lo que había escuchado en la conversación de aquel domingo, Luis Roberto era cirujano. Pensaba: -Si me diera un ataque apendicular…-sacudía la cabeza-¡Qué loca soy-Tengo que encontrar otra forma de verlo, si no me muero. Sentía que el corazón le latía muy de prisa de solo pensar en estar muy cerca de él. Estaba segura que era un amor a primera vista y cada día lo deseaba más y  más, su imagen no se apartaba ni un momento de su mente, aunque éste era un amor secreto, a nadie le había dicho nada y seguía esperando a ver qué sucedía.

Felizmente su tía Niní  estaba esperando el nacimiento de su primer bebé y por supuesto, como todos los de la familia  nacería en la clínica “Los Ángeles, pues además de ser socios, varios de sus médicos eran de la familia, como el doctor López Rosa y López  Batllori y otros muy amigos de ésta. ¡Qué mejor oportunidad! Como tía

Maribella era tan dulce y cariñosa ¡A quién le iba a extrañar que deseara cuidarlos! ¡Le gustaban tanto los niños!

Por fin llegó el día tan esperado, Maribella atendía al recién nacido y a la madre muy amorosamente ya que valiéndose de todos los medios habidos y por haber, logró averiguar el día que el médico estaría de guardia y fue la noche este día  que se brindó para cuidar a su tía y al niño. Durante la noche, de vez en cuando  hacía un recorrido por los largos pasillos para ver si coincidían, esto se repitió  varias veces,  pero en la ocasión que se encontraron el joven parecía no  acordarse de ella, por lo que pasaba y volvía a pasar por delante de él y no parecía percatarse de su presencia. ¿Qué hacer? ¿Cómo conquistarlo? ¡De qué medios se valdría para que se enamorara de ella?

En estos 50 años se le ha escuchado esta historia contada por ella varias veces, en la que enfatizaba sobre la perseverancia, lo delicada que debe ser la mujer, jamás debe usar un vocabulario vulgar, ni expresar una mala palabra, ni una grosería, tampoco mostrarse impúdica, sino más bien recatada, que por eso  ahora duran tan poco los matrimonios, porque se casan sin ilusión y sin una base firme y al primer problema lo que hacen es presentar la demanda de divorcio. Ella ha mantenido  su unión tantos años, por el tacto empleado  en las diversas situaciones y les recomienda entre otros consejos, no pelearle al marido cuando llega del trabajo, ser cariñosa y amable, interesarse por sus problemas, tener siempre una frase de aliento y comprensión. La mujer debe ser para el hombre, su amante, su mejor amiga y hasta un poco madre. Esto hará de ella  una mujer imprescindible e insustituible.

Nunca  había manifestado cual  fue la treta utilizada para conquistarlo. Esa tarde de mayo, como siempre, su casa estaba perfumada por las rosas y jazmines en la dulce quietud del hogar.

Mi tía se complace en contar anécdotas de su pasado, lo feliz que ha sido con su esposo, hijos y nietos, a pesar de las grandes dificultades del presente, que ella ni Luis Roberto conservan  la lozanía de la juventud, pero que el amor los ha mantenido unidos antes las dificultades de la vida, las veces que se han tenido que separar en el cumplimiento de misiones por su trabajo y sonríe con picardía recordando aquellos tiempos y nos dice:-¡Si ustedes supieran cómo logré que Luis Roberto se fijara en mí…! - ¡Cuéntalo tía! ¡Vamos! ¡Cómo se enamoró  de ti!-Insistimos todas, pues suponíamos que algo muy interesante y lindo debía de haber ocurrido después de  6 meses de conocerse y que él no se fijara en ella, como tanto lo deseaba.

Pues miren, lo piensa un poco y tal parece que desea reorganizar sus pensamientos y continúa. Como  les he contado otras veces no había enfermo, operado o parida que yo no fuera a cuidar y nada… Luis Roberto se me hacía  cada día más difícil, a pesar  que le vendía “Lista” por todos los pasillos en que me lo encontraba, hasta cuando coincidíamos en el ascensor, bajando por el jardín hacía la calle. ¡Nada! 

Me vestía la moda de aquellos tiempos, vestidos de corte princesa ajustados y provocativos, pero él seguía indiferente. Hasta llegué a pensar: -¿No será que tiene otra  mujer, tal vez una novia para casarse? Este pensamiento me torturaba y hacía sufrir y los celos me mataban. ¿Sería posible tanta desventura? En mis noches de insomnio lloraba  abrazada  a la almohada.

Un día se me ocurrió una idea.- Iría  directamente a su consulta y me presentaría  como si estuviese enferma, él tendría  que atenderme y… ¿Qué inventaría?  Me pasé varios días inventando cómo fingir un dolor, hasta que me vino a la mente algo nunca imaginado, me dije:- ¡Mano a la obra! En esa ocasión me vestí con esmero, con la ropa que mejor me quedaba, me miré varias veces al espejo, de frente, de lado, de espaldas, con el busto erguido. No estaba mal, el color amarillo tierno del vestido sentaba  bien a mi piel, este era de dos piezas y saya muy ajustada. Me maquillé discretamente como una enferma  al fin y al cabo. Usé mi perfume  favorito Nostalgia de  Dorothy Gray, el cual solo se vendía  como exclusivo en la tienda El Encanto, el que era muy suave, como el olor de las madreselvas.

Al llegar a la consulta, éste me preguntó muy amablemente  qué era lo que me sentía. El rubor cubrió mis mejillas._ Ël insistió, yo  apenada, solo conseguía balbucir  palabras incoherentes, mientras lo miraba insistentemente, con una angustia que llegó a conmoverlo, Me  trató con dulzura: - ¿A ver qué tienes linda? _ Doctor… me da mucha pena…yo…_ ¡Pero criatura! ¿Si no me dices lo que te pasa, cómo lo voy a saber? _ Bajé la cabeza roja como la grana._ Él  me tomó por la barbilla y la levanto. _¡Vamos dime, no tengas pena, mírame como un médico! _ ¿Qué es lo que te pasa?_ No me atrevía a seguir aquella inverosímil farsa, pero ya estaba allí  y  tenía que seguir a ver qué sucedía. Era mi último recurso. Estaba frente a él, tan ceca, que  percibía su  perfume, su respiración y me daban deseos de arrojarme a sus brazos y expresarle cuánto lo amaba, pero…  ¿Qué iba a pensar de mí? Nunca lo hubiese hecho, yo era una muchacha decente y de buena  familia. ¿Cómo cometer esa locura? Estaba a punto de echarme a llorar, respiré hondo y muy compungida y temblorosa  le dije:­ - Mire doctor  lo que a mí me pasa… otra pausa y otro largo suspiro. _¡Vamos chica, no me impacientes más! _ Dime: _¿Dónde te duele?__ ¿Dolerme? ¡Nada!_¿ Cómo que nada?_ ¿A qué has venido a mi consulta? _Comprendiendo que se iba a molestar si seguía titubeando, resueltamente me abrí el zipper de la saya y… bajé, bajé hasta que le pude con mucha vergüenza mostrar mi ombligo. - Él lo miró fijamente y comenzó a palparme el vientre - Yo erizada de pies a cabeza, me quejaba lastimosamente–Él me preguntaba:

¿Te duele aquí?  -No doctor, no me duele nada, es… mire ese lunarcito  que tengo en el ombligo, tengo mucho miedo que se me convierta en una verruga… ¡Se dicen tantas  cosas de ellos y sus consecuencias!_ lo dije rápidamente, como para salir del  paso lo antes posible. Él se quedó como embrujado al observar el pequeño y bien colocado lunar. 

¿Qué pasó después? _A partir de ese momento cambió su actitud  para conmigo, me miraba como arrobado y no quitaba los ojos del lunar. Después tomo una de mis frías y sudorosas manos entre las suyas y me dio una explicación científica de lo que eran los lunares y las verrugas, no debía temer nada, que no ofrecía ningún peligro. 

Me miraba con tanta ternura, que al pararme del asiento, efusiva y con los ojos nublados por la emoción, le di un beso en la mejilla y noté que se estremeció, le di las gracias repetidas veces  y él me miraba, me miraba  y…¡De qué forma!_ Al despedirme me dijo que  deseaba volver a verme . ¡Yo loca de contenta! – Melosa y con un mohín le dije. ¿Cuándo vuelvo a su consulta? Mañana por la  noche estoy de guardia. – Ahora  era é el que me rogaba ¿Vas a venir? ¡Por favor no  dejes de hacerlo!

Se imaginan cómo salí de allí, me daban deseos de gritar y de bailar. Me había dado resultado mi embuste.

Para poder verlo, debí  mentir a mis padres, les decía que iba  repasar una asignatura  en la cual estaba floja, con una compañera de estudios, ya que las matemáticas no me gustaban, sacaba buenas notas en todo lo que era literatura, pero… los números…

Desde entonces  me iba a buscar a mí escuela Herbart, que era privada y quedaba muy cerca de la clínica, todas las tardes, no sentábamos en la Plaza de Marte. - Con poder mirarlo y que me tomara las manos, que me dijera que me amaba, me conformaba. Así surgió un amor apasionado, maravilloso, algo que me hacía intensamente feliz. 

Finalmente quiso  visitar mi casa acompañado de sus padres y pedir formalmente mi mano  a los míos. ¡Así era en aquellos tiempos! – Dándome una gran alegría. Al año siguiente me llevó al altar de la  Primera Iglesia Bautista. Allí me esperaba nervioso, sus manos no podían estar tranquilas, yo con mi blanco vestido todo de encaje y vuelos de tul, que parecía una espuma,  con el ramo de gardenias que es mi flor favorita del  brazo de mi orgulloso padre, pisaba emocionada la alfombra roja, mis 6 damas de honor, los niños detrás con las  arras, mientras mi primita Letty de 6  años  arrojaba delante de nosotros pétalos de rosas. _Ël me recibió emocionado y sonriente, me tomó de la  mano. El Pastor Abella después de leernos la Epístola de San Pablo y comprometernos a ser fieles en todo tiempo por los lazos del amor, dándonos el sí quiero, nos dedicó bellas palabras.

   Todo muy hermoso, el banquete, las felicitaciones, besos y abrazos. Nos fuimos esa misma tarde en avión para La Habana. La luna de  miel fue en el Hotel  Nacional. Algo inolvidable, por eso cada vez que volvemos a La Habana nos hospedamos en el.

_. Suspira muy hondo recordando tan feliz acontecimiento y  murmura, hasta hoy nos mantenemos muy unidos, todavía al verlo llegar me late el corazón ¡Como lo amo! Cuando escucho  entrar la llave en la cerradura de la puerta… ¡Corro, lo abrazo, beso y acaricio! Como si fuera la primera vez, él me corresponde con las más bellas palabras _¡Mi novia, mi noviecita adorada!

¡Qué lindo tía! _ Así quisiera que fuera mi amor y el hombre con quién me casara. _ Así debe ser, nunca se casen por  salir del  paso o por capricho, siempre que sea  por amor, eso es lo que hace firme la relación contra todos los avatares de la vida, como lo han sido nuestras abuelas y madres. Y sobre todo mantener la ilusión, el respeto y la compresión.

No nos casamos antes, porque mi familia decía que  era muy jovencita, debía terminar el bachillerato y aprender a cocinar, que  aunque tuviese sirvientas, una mujer deber saber manejar su casa y de vez en cuando hacer una comida al gusto del esposo. Ahora me he vuelto una experta en la cocina y la repostería, para hacerle los platos que a él le gustan, Eso me hace muy feliz.

_¿Saben una cosa?  En todo el tiempo que duró el noviazgo, jamás pudo volver a verme el lunar. Tampoco saben  el por qué  esta parte de la historia, que siempre me reservé.

_Nos quedamos en ascuas, ¿Por qué tía Maribella?- pues  si no hubiese sucedido cincuenta años atrás, me  era tal vez imposible conquistar a Luis  Roberto .¿No se han fijado  en la cantidad de muchachas   que ahora andan con esos pantalones  y sayas que les llaman pélvicos?_¿A qué hombre   le llama la atención  entre tantos ombligos que se exhiben por ahí? _Pero en aquellos tiempos las mujeres tenían más pudor y enseñar algo, era una novedad que atraía mucho. Por eso pude logar que se fijara en mí _¿No creen?

 

Si  tía con esa bella historia nos has dado una gran lección.

Santiago de Cuba, 16 de febrero de 2005


No hay comentarios:

Publicar un comentario