29 abril 2016

LA VIDA

Ese don misterioso que Dios nos concede

mucho antes de nacer.

Desde  la fecundación del  embrión, ya

el Creador nos ha dado derecho a la vida,

nos ha proveído un  nombre, un sexo, una

personalidad  muy definida ¡No somos iguales

a los millones de seres humanos que pueblan

la tierra!

Nuestra personalidad es inconfundible, aún en

los hermanos gemelos.

Tenemos el derecho de conducir nuestra vida,

según el libre albedrío  que  el Creador nos otorga,

siempre  deseando el respeto a nuestras propias

decisiones, sueños y proyectos.

Cada ser humano piensa distinto, actúa diferente.

Nuestro carácter puede ser fuerte, débil, según

las circunstancias en que se desarrolle nuestra

existencia.

Los hay dotados  de una inteligencia superior,

capaces que su idea puedan destruir, arruinar el

mundo en pos de su ambición desmedida de

alcanzar un fin propuesto.

Podemos  ser filántropos, compasivos, honestos, amantes

de las mejores obras en bien de la humanidad.

También los hay perversos, ambiciosos, crueles, que

por tal de alcanzar una meta son capaces de las  peores

atrocidades, cambiar el giro de la historia si alcanzan

poder y fama.

Numerosas leyendas a través de los siglos recogen  hechos de aquellos que  quisieron

dominar  toda la tierra habitada.

También las luchas en busca del bien, la concordia  y el

amor entre  sus semejantes.

La vida es fugaz,  transitamos por ella de  modo

impredecible, sabemos cuando nacemos, pero  jamás

cuando habremos de partir  hacia lo desconocido,

donde se  terminan todos nuestros afanes,  sueños,

todo se acaba en  una tumba, nada de los que hemos

atesorado nos podremos llevar.

Con el último suspiro se  acaban todas nuestras

hazañas, trabajos,  luchas.

Solo quedará el recuerdo de lo que fuimos, nuestras

obras, buenas o malas, según hayamos actuado el

el tiempo que se nos asignó por el Creador vivir.

Nacer, vivir y morir, ley inexorable  de la que nadie

puede escapar.


19 de abril de 2016

DE NO HABERTE CONOCIDO

  
¡Qué dulce es dormirse pensando en ti!

Más dulce es despertar y seguir pensando

en ti.

Si te recuerdo noche y día ¿Qué sería de mi 

de no haberte conocido?

Mis noches sin sueño, mis amaneceres tristes.

Por tu amor he sufrido heridas, dolor en el alma.

¡Qué vana esperanza es no sufrir por no haber

amado!

Lo más dulce del amor son los inconstantes celos,

que no sufre el pobre mortal que nunca ha amado.

Si por ti he llorado, son mis lágrimas el más puro

lamento de mi alma enamorada. Recoge cada gota

 como si fueran pétalos de una flor deshojada,

Guárdalos en un libro y al pasar el tiempo, aunque

marchitas te hablaran de lo que fue mi amor.

Si hoy rememoro tan dulces momentos ¿Qué hubiese

sido de mi de no conocerte?

Como una  deslucida hoja que lleva el vaivén  del viento.

¿Qué sería de mí de no haberte conocido?

Me hubiese privado de recrearme de tu  impetuosa  pasión

que llenó mis días y mis noches.

¿Qué hubiese sido de no haberte conocido?

Contigo aprendí a  amar el fulgor de la luna y las estrellas

en las noches serenas en que  muy juntos  andábamos por

las inquietas orillas de la playa y sus blancas olas nos salpicaban,

luego corríamos por el bosque solitario cómplice de nuestra

pasión hasta quedar exhaustos.

De no haberte conocido ¿Cómo disfrutar de tan maravillosa

Experiencia?

Aunque pase el tiempo, que dicen que todo lo borra, yo seguiré

creyendo que lo mejor que me ha ocurrido en la vida es haberte

conocido.



Madrid, 31 de agosto de 2015