27 noviembre 2020

EL VIEJO RAMON

 Cuento

 Conocí al joven  Ramón en una reunión secreta, allá por los años 50. El pertenecía a la misma célula del Movimiento “26 de julio”, aunque nunca nos habíamos visto.

 Me entusiasmó su forma de ser, su carácter franco, serio y responsable.

 En los días anteriores a la Huelga de abril de 1958, estuvo acuartelado junto a otros combatientes en mi casa de Altos de Quintero, preludio al ataque al cuartel del poblado de Boniato, dirigido por nuestro aguerrido capitán Adalberto Lora. En  este asalto falleció accidentalmente nuestro compañero de lucha y vecino de la calle  Avenida de Las Acacias, Antonio Robert en un vuelco por la carretera de El Cristo.

 La  guerrilla continuó rumbo a las montañas de la cordillera de El Caney, internándose en las estribaciones de La Gran Piedra. más tarde estuvo presente en el asalto al cuartel de Ramón de las Yaguas, el que fue un éxito, al vencer a todos los ocupantes y hacerlos prisioneros, requisando gran cantidad de armas y  municiones. Lo  único lamentable fue la muerte del jefe, Capitán Idalberto Lora, que por su temeridad peleaba de pie, frente al enemigo y una descarga de ametralladora 50 le atravesó el vientre. Ya en la marcha el joven combatiente Orlando Regalado, al cruzar una cerca, se le enganchó la espoleta de una granada que llevaba en la cintura, explotando y matándolo instantáneamente.

 Fue un duro golpe y vi  lágrimas en los ojos de aquellos hombres decididos a vencer en aquella  desigual lucha. Mongui, como  le llamaban cariñosamente, daba nudazos contra los  troncos de los árboles, por la impotencia de no poder salvar a nuestro querido jefe, quien en su agonía rogaba que le dieran un balazo en la sien, pues sabía que con el vientre destrozado y en aquellos parajes, no podía salvarse.

 Unos meses después nos volvimos a ver, en compañía de  mi vecina y combatiente Clara Luz Pantoja, hacíamos de mensajeras. Esta vez  nos acercamos al Campamento San Pool, donde se albergaban las mujeres donde había un taller de costura, para reparar y confeccionar uniformes. Mongui, me dio un fuerte abrazo, ya tenía los cabellos largos y la barba crecida. Lo encontré más maduro, vestía el uniforme verde olivo y le proporcioné una gran alegría cuando le entregué una carta de su novia Teresita. Después de leerla con avidez, me comento:- Creía que me había olvidado, hacía muchos  meses que no sabía de ella.

 Días después, una columna bajó al pueblo de Siboney y de allí a un nuevo campamento en la carretera, en el lugar conocido por “La Redondita”, muy cerca de la ciudad de Santiago de Cuba, el ejército  batistiano  se enteró  por un “Chivatazo” y envió un convoy  lleno de soldados,  para atacarlos. Los rebeldes tomaron un transporte  de la cervecería Hatuey repleto de cajas de la bebida, que se dirigía a abastecer los comercios de  La Estrella, y Los Criollos del pueblo  playero de Siboney, la cual iban arrojando botellas por toda la carretera, obstruyendo el paso de los camiones. Lograron llegar hasta el lugar conocido por La Punta, en las inmediaciones de El Oasis de Siboney, ya la aviación militar  había comenzado a ametrallar toda la zona.

 La batalla era desigual, los soldados más numerosos y mejor armados, llegaron hasta  la avanzada, el joven Ramón  con una escopeta amarrada con alambres enfrentaba  al enemigo con coraje y mucho valor. Este dio  la orden de hacer explotar  una de las minas, la primera falló, dando paso al primer camión, el resto se acercaba peligrosamente al pequeño grupo de insurrectos. Ramón dio la orden enérgica de hacer detonar la segunda mina. Exactamente estalló en La Punta, en medio del camión que trasportaba  a los soldados. Aquella visión fue espantosa, los pedazos de los cuerpos del piquete volaron por los aires, otros quedaban enganchados en las cercas y ramas de  los pequeños arbustos de la árida zona. El primer camión  dio marcha atrás desapareciendo de inmediato. En el lugar de la detonación quedó un profundo cráter, hasta el día de hoy.

 La aviación enemiga arreció el ataque, mientras el resto del convoy se marchaba precipitadamente.

 Los jóvenes rebeldes trataban de alcanzar las montañas trabajosamente, por lo escarpado del terreno, guareciéndose  junto a las  enormes piedras, cada vez que un avión pasaba rasante, muy cerca de ellos vomitando  metralla indiscriminadamente.

 Junto a Ramón iban  sus entrañables compañeros procedentes de la  lucha clandestina Carlitos, Esteban, Ruger,  Leonel  García, Hugo Cruz, Uribazo y algunos más, también el recién incorporado a la guerrilla Indalecio Montejo, un joven que había sido detenido por  la policía, torturado meses antes y que logró escapar milagrosamente, pero con secuelas,  las largas caminatas  lo debilitaban y si era cuesta arriba, mucho más. Se lanzó al suelo agotado, no tenía fuerzas para seguir escalando la montaña con la prisa requerida, por lo que le pidió a sus compañeros de lucha que  salvaran sus vidas y lo dejaran,  todos se negaron rotundamente y lo arrastraron por la  abrupta cuesta hasta llevarlo a lugar seguro.

 Después de caer la noche, se consideraban a salvo, la aviación se había retirado y ni rastro de los soldados de infantería.

 Indalecio, ya recuperado y muy emocionado abrazó a  sus compañeros, agradeciendo el gesto a costa de sus propias vidas.

 Estos hechos heroicos hacían crecer la moral de la guerrilla y el reconocimiento de  su Comandante Hubert Matos Benítez.

 Desgraciadamente, el domingo siguiente Indalecio se dirigía en un jeep a otro campamento volcándose y cayendo en un profundo precipicio, falleciendo instantáneamente. Otro rudo golpe para sus compañeros de lucha, pero así era la guerra, se ganaba y también se perdía.

 Tras cruentas batallas, el ejército rebelde ganaba la guerra.

 Casualmente me encontraba en el Campamento “La Redondita” con un grupo de  combatientes, entre ellos Ramón. Se preparaban para  asaltar de nuevo el Cuartel Moncada a al amanecer del día siguiente, engrasaban sus armas y se vestían  con uniformes limpios, tal parecía que se preparaban para ir a una fiesta, entusiasta, alegres y confiados.

  Yo sentada  sobre el tronco de un árbol los contemplaba y pensaba:- ¡Cuántos de estos muchachos  mañana estarán muertos!

 -¡De pronto! Se vio a la entrada del camino una polvareda y un auto que venía a toda prisa pitando el claxon. El jefe grito:- ¡A las minas! Todos corrieron a sus trincheras con sus armas en disposición combativa. El auto se acercaba, alguien  dijo:- ¡Cuidado! ¡Trae una bandera blanca! Lo dejaron pasar, todos sus ocupantes  abrieron las cuatro puertas y  se lanzaron gritando:- ¡¡¡Se fue Batista!!!

 El  auto tenía  la radio  encendida a todo volumen y todos corrimos a escuchar las noticias. Efectivamente, Batista había huido y las tropas rebeldes se acercaban a la ciudad de Santiago de Cuba comandadas por Fidel Castro Ruz.

 Confieso es ha sido la emoción más grande de mi vida, la que nada ha podido superar.

 Los  jóvenes  me abrazaban y lanzaban al aire llenos de júbilo.

 Tuve el honor de bajar del campamento junto al ejército triunfante, muy cerca de Ramón, feliz y lleno de alegría. Era el 1de enero de 1959. 

 Teresita también se había alzado y nos seguía de cerca en otra caravana, vestida con su traje de guerrillera y su boina negra. Nos situamos  en el Parque  Céspedes a celebrar  hasta el amanecer el fin de tan sangrienta guerra.

 Diez meses después  supe lo ocurrido en el Cuartel Agramonte de la ciudad de Camagüey, la detención de  nuestro querido comandante Hubert Matos  Benitez y sus principales oficiales. A Ramón y otros compañeros  los tenían detenidos en la fortaleza de La Cabaña. Se celebró el juicio, Matos Benitez fue condenado  20 años de prisión, Ramón y otros  oficiales a condenas menores.

 Teresita regresó a su ciudad natal, meses antes se habían casado y residían en la propia ciudad de los tinajones.

 Por los lazos de amistad que nos unían, le dimos apoyo y protección durante  el tiempo que su esposo estuvo en prisión.

 Años después salió de la cárcel muy decepcionado. Logró un trabajo, continuaba siendo un hombre de probado respeto y seriedad. Allí tuvo sus tropiezos en desacuerdo a la forma de actuar de algunos nuevos dirigentes, por lo que pidió la baja y se trasladó a la Capital,  Ciudad de La Habana. En busca de nuevos horizontes. Allí se encontró  con antiguos compañeros de la lucha clandestina y el Ejército Rebelde, con ellos pudo lograr  conseguir un  modesto trabajo en un almacén a nivel nacional. Ya con grandes dificultades  había permutado la casa para La Habana y conseguido otro empleo  para Teresita.

 En poco tiempo, debido a su eficiente trabajo, fue escalando peldaños, tres años después era el Director de la empresa a nivel nacional, con mucho prestigio y haciéndose respetar y amar por sus subordinados, por ser muy humano y justiciero.

 En uno de mis viajes a la capital visité su casa, era el mismo que había conocido, sencillo, atento y servicial, no se le habían subido los humos a la cabeza por el alto cargo que  representaba y sobre todo las amplias relaciones que tenía con los más altos  dirigentes a todos los niveles.

 Me invitó en el flamante  automóvil que le habían asignado  a visitar  su empresa. Allí pude comprobar el respeto y consideración que disfrutaba en su colectivo de trabajo. Me invitó a almorzar al comedor de los trabajadores, cogió dos bandejas y nos sentamos en una mesa junto a todos los demás. El menú el  mismo, ninguna preferencia. Después me llevó a conocer  los enormes almacenes. Allí había de todo lo que ya en los años 80 escaseaba en todo el país. Observé unos grandes rollos de tela roja, azul y blanca, con añoranza acaricié  el rollo blanco y murmuré:- ¡Qué  buena está esta tela para hacer sábanas! Mi amigo y compañero de lucha se puso rojo y me miró iracundo y sin preámbulos me dijo:- ¡Si  no fueras  mi hermana de lucha de tantos años, te daba una galleta en pleno cara! ¡Aquí no se puede tocar nada! ¡Es para la confección de banderas!

 - Ahora la que se puso roja de vergüenza fui yo, no sabía como disculparme, pero nuestra amistad no terminó por este incidente y el mal pensamiento que había tenido. Yo lo había invitado a que se pasara  los carnavales  en Santiago de Cuba, en ese año se conmemoraba el 30 Aniversario del Ataque al Cuartel Moncada y se iba a  festejar de una manera especial, a mí  me iban a condecorar con las medallas de Combatiente de la lucha clandestina y el Ejército Rebelde.

 Se celebraron todas las actividades programadas y además fueron unos carnavales muy buenos y con mucha alegría, además lo invitaba a mi boda, que se celebraría el 5 de agosto, ya que según manifestaba muy ilusionada, había encontrado al hombre de mis sueños, después de muchos desengaños y fracasos.

 Por mi trabajo en una dirección provincial, viajaba con frecuencia a La Habana, llamaba a Ramón, para saber de la familia y casi siempre me pasaba un día en su casa.

 En uno de esos viajes lo encontré muy disgustado, me llevó de nuevo al almacén y me mostró los rollos de tela, apenas les quedaban unos metros. El apenado me recordó que en aquella ocasión me había regañado y… mira lo que queda, se lo han robado todo, aquí hay mucha corrupción y yo solo no puedo con ellos, fíjate que no saben como deshacerse de mí, me han propuesto a pasar un curso y sé que cuando termine me mandaran a otro lugar, de eso estoy seguro.

 Me dio  mucha pena, lo vi envejecido, triste, derrotado en su afán de ser justo y decente a todo trance.

 La vida da muchas vueltas, ya ambos estábamos en tiempo de jubilación y en efecto, nos acogimos a la ley en cuanto tuvimos la edad requerida.

 En los primeros momentos me dediqué a disímiles tareas, para poder sobrevivir con lo que percibía por mis 36 años de servicios. El cambio era radical en el país con el llamado Período Especial, primero me acordé de mi primer oficio: Coser, después  fabriqué pasteles, croquetas…primero se me acabó el hilo de coser, la tela y no podía hacer nada .Como repostera también tuve mis dificultades, no conseguía la materia prima y además los inspectores y policías no dejaban prosperar mi  pequeño negocio, multas, decomisos… ¡Qué hacer? No me quedó  más remedio  que acudir a mi familia en el extranjero y pedir ayuda. Muchos ni me respondieron, pero siempre existen almas generosas, unos primos y tíos me dieron la mano, lo que me ha permitido  vivir, sino holgadamente, al menos decorosamente, pues no me ha faltado lo imprescindible:- El jabón, aceite, leche en polvo en la Bolsa Negra y de vez en cuando poder masticar un pedazo de carne.

¿Qué ha sido de la vida de Ramón y familia en estos años? Supe que había permutado la pequeña casa de la Calzada de Managua, por otra más grande en La Víbora. La familia había aumentado, de los tres hijos, ya tenía cuatro nietos, dos de ellos  no  habían podido tener una casa y vivían juntos, la nueva vivienda era de puntal alto y pudieron fabricar un entre piso o barbacoa, algo muy común y corriente en este país, principalmente en las grandes ciudades.

 El como yo había tenido que buscar otras alternativas, primero con una modesta cafetería desde la ventana de la sala, al poco tiempo cerró, por los altos impuestos, multas por cualquier cosa, productos difíciles de conseguir y a  precios  muy  altos, por  lo que no dejaba un  margen de ganancia y sí muchos problemas.

 -Teresita vieja, gorda y achacosa, ya no era  la esbelta y bella  mulata de años atrás, además padeciendo artritis, apenas podía ayudar en los quehaceres de la casa, las necesidades aumentaban, por lo que mi laborioso amigo fabricó  una pequeña carretilla de mano y se puso a caminar por las calles del barrio ofreciendo sus servicios como chapistero, plomero, albañil, carpintero y hasta electricista. El trabajo no le rendía grandes beneficios, principalmente por la falta de materiales

 Unos amigos le ofrecieron una plaza de custodio. No era fácil pasar las malas noches y además  los riesgos de ser asaltado por lo peligroso del lugar, donde lo habían ubicado, que debía cuidar completamente solo y desarmado. Le duró poco el empleo, enfermó de una bronquitis severa y lo tuvo que dejar por prescripción médica. Era muy mayor.

 Ya mi pobre amigo no sabía qué hacer para sostener  la familia, le prometieron otro empleo, este era de todos modos mucho mejor, según me comentó en una de mis visitas, era en un comedor obrero de una  empresa importante. Deduje:- por lo menos podrá comer, porque esta… que parece  un  espaguettis de importación.

 Fui por su casa y como  casi siempre y si las circunstancias lo permitían me invitaban a

almorzar. Cuando hice mi entrada en la restaurada casa, me recibió muy contento y satisfecho, me brindaron una suculenta comida, para estos tiempos y me mostró lo que “resolvía” en el comedor.- botellas de aceite, leche en polvo, pescado, pollos, embutidos variados, huevos, arroz y frijoles en abundancia y mucho pan.

 ¡Qué  cambio de la última vez que fui con pena y lo único que tenían para comer era un potaje de chícharos y arroz, ni café tenían y… con lo vicioso que eran del dulce néctar de los dioses blancos! La miseria se notaba en todos los muebles, las camas mal tendidas, las toallas zurcidas en el cordel… Teresita amargada y triste. En el presente la noté más dispuesta y ágil, su carácter  había mejorado notablemente, Ramón…echando barriga, por lo que burlonamente le  dije que debía hacer ejercicios.

 Me refirió que en el comedor se comía bien y por lo menos se  solucionaban muchas cosas.

 Al marcharme esa noche medité largo rato tirada en la cama boca arriba. Sentía pena y  tristeza a la vez. ¡En lo que ha caído Ramón! ¡Nunca lo imaginé! ¡Tan honrado y está haciendo lo que otros miles de cubanos, en la necesidad de apropiarse de los recursos del estado, para poder sobrevivir¡ Hice mentalmente un recuento de estos largos y difíciles años de la llamada Revolución. Sentí un gran dolor en  mi alma, Ramón siempre había sido mi modelo de honradez y hasta pensé no volver  más por su casa, aquella nueva actitud me producía asco y él y su familia tan orondos y satisfechos, como si con ello se hubiesen resuelto todos sus problemas. ¿Qué ejemplos les daban a sus hijos y nietos?

 Supe que  uno de sus hijos se dedicaba a negocios ilícitos, vendiendo mercancías de contrabando que les traían viajeros del extranjero y que sacaba múltiples dividendos, hasta tenía  un  coche y se daba muy buena vida, además… les había salido tomador  de bebidas  alcohólicas y mujeriego.  Exclame sin poder contenerme:- ¡Virgen santísima!

 Su nieta Yesenia andaba  en amoríos con un  ciudadano español, que gracias a ella se había podido dar el dinero por encima para logar la permuta de Mantilla a La Víbora, fabricar el entre piso con  tres habitaciones adicionales y hasta  un baño nuevo, adquirir  equipos electrodomésticos muy necesarios, como un refrigerador grande, una lavadora moderna, televisor, un reproductor de DVD y hasta un ordenador con teléfono, habilitado para comunicarse con su novio todos los días. Comprarle en la óptica Miramar con divisas unas gafas a su abuelo y hacerle una prótesis nueva a la abuela, que ya no le quedaba ni un diente y pasaba mucho trabajo para comer, celebrarle los 15 años a su hermanita menor Yasnay en un elegante salón con cientos de fotos y hasta un video.

 ¡Qué cambio!

 Esa noche me desvelé, no podía dormir, me dolia aquella transformación de una familia que consideraba perfecta en su modestia y trayectoria en la vida ¡Qué decepción!

 Al día siguiente Teresita me llamó por teléfono, quería que antes de irme para  Santiago de Cuba, fuera de nuevo por su casa a buscar unas salchichas que Ramón me había conseguido, para que me las llevara.

 ¡Qué asco! ¡Me querían hacer cómplice de sus fechorías! Resueltamente iba a despedirme de ellos para siempre, ¡Jamás pisaría esa casa!

 Al llegar me encontré a Teresita muy preocupada, me llevó para la  terraza del patio y muy compungida me contó que Yesenia quería romper  sus relaciones con Iñaki, pues además de ser un viejo para ella con 45 años de edad, insistía en casarse y llevársela a vivir a su  hermoso chalet en un barrio muy elegante de Barcelona, donde tenía numerosos negocios. Al parecer  la chiquilla se había enamorado de un muchacho, del barrio El Moro, a ellos no les gustaba,  siempre andaba “Jineteando” con extranjeros y ya había tenido varios problemas con la policía y lo amenazaban de  llevarlo a los tribunales en cualquier momento. Como si fuera poco, Ramón quería pedir la baja en su trabajo, decía que no soportaba tanta corrupción de su jefe superior, lo hipócrita que era, sumiso y arrastrado. ¡Claro, este no es de la estirpe nuestra, es de ahora y no sabe nada de lo que hemos sido nosotros ¿Verdad  Arminda? ¡Tú mejor que nadie  sabes como es Ramón! ¡Ese no transige con lo mal hecho! ¡Si lo conoceré yo!

 Me quedé estupefacta, guardé silencio, mientras escuchaba a Teresita y meditaba en todo lo sucedido.

¡De pronto sentí algo extraño dentro de mí! Mandé a llamar a Yesenia, que además de respetarme mucho era mi ahijada.

 -¡Ven acá muchachita! ¿Qué es lo que tienes en la cabeza? Esta apenada la bajó, vestía un short estampado en azul, rojo, negro y blanco, muy corto, con un tope negro, sus pies calzados con finas  sandalias, en el cóccix un tatuaje ¨I love You, sus orejas, brazos y dedos llenos de  adornos, mientras a su alrededor se sentía un suave perfume.

 Le levanté la cabeza por la barbilla y mirándola a los ojos, dije:- ¡Mira mi amor, ponte pa´ la cosa y no comas de lo que pica el pollo! ¿Te has puesto a pensar qué te va a dar  ese ripiaó con quien tú andas?  ¿Qué te espera? No salir de la miseria, tener un par de mocosos y  tal vez verte cargando jabas al Combinado del Este? ¡No te das cuenta que el catalán te va a dar lo que  tú nunca has visto en ti vida?- Dinero, joyas, viajes por todo el mundo, vas a ser una señora, ¿ Me oíste? ¡Una señora! ¡Mira que yo no me entere que lo has dejado!  ¡Ni loca! ¡No faltara más! ¿Cuántas habrá por ahí que te envidien tu suerte!

 Teresita me agradeció el consejo.

  Y me rogó que no me fuera  hasta que llegara Ramón

  Y hablara con él, así lo hice, sin sentir remordimiento, lo cogí por los tres pelos que le quedaban en la cabeza y lo increpé duro-¡¡¡Óyeme lo que te voy a decir Ramón!!! ¡ Ni  que estuvieras trastornado, no puedes dejar  el trabajo! ¡Ni muerto! ¿No ves que te has encontrado la gallina de los huevos de oro? ¿Qué quieres? ¿Qué por tus escrúpulos tu familia se muera de hambre? ¡No seas tonto, hazte de la vista gorda y no pierdas esa “pincha” ¿No te has dado cuenta que aquí desde arriba hasta abajo el que más y el que menos trata de sobrevivir a esta difícil y terrible situación?

 -Ramón me dio la razón. Detrás de  la cortina de la puerta Teresita me hacía señas de que le dijera bastantes cosas, para ver si lo convencía y no dejaba el trabajo.

 -No te preocupes, mi hermana, voy a seguir tus buenos consejos, seguiré soportando a todos esos descarados, no me queda otro remedio. ¿Qué otra cosa puedo hacer? –Expresó  persuadido el anciano.

 Me hicieron un sabroso café y de paso Yesenia me dijo que me invitaba a la boda con Iñaki Manuel  Echavarria Lozano, y que hasta me iba a hacer una  invitación desde España, para que me pasara varios meses con ellos hasta que naciera el bebé, pues creía que estaba embarazada. Me asusté. ¿De quién? Del  mulato o del rubio español?

 Salí de allí consternada y turbada ¿Era yo la misma persona que había dado esos consejos y recomendaciones?

 Ya en la parada de la guagua recordé:- ¡Coño! ¡Se me quedaron las butifarras!

 

 

Escrito el 24 de octubre de 2006 en el vuelo de Santiago de Cuba-La Habana, dentro de un avión de Gaviota. De 200.p. m. a 4.00 p.m.(Parte de este escrito es testimonial, la  2da, parte de ficción)

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